martes, 15 de septiembre de 2009

Mécete lentamente
para que las olas no se despierten,
no digas nada
ni una palabra,
piensa que el amor te arrastra
y que voy montado en tu barca.

Mécete lentamente,
ata los segundos y no los sueltes,
fin y principio
suman lo mismo.


Haz de este instante un siempre,
un preludio eterno a la muerte.



Quisiera desnudarte
por fuera como hombre

Quisiera desnudarte
por dentro como alma

Quisiera encender con mi fuego
el sentimiento oculto en tus entrañas

Quisiera ahogar con mi agua
el recuerdo que te atrapa

Quisiera robar con mis espejos
el reflejo de tu aura

Quisiera vivir cuando despierto
el sueño donde tu estabas.



Desde el lado oscuro
buscando tras el espejo,
el reverso del reflejo donde quede atrapado,
espero el destello de una mirada,
oculta en una oscura noche de luna ausente,
sueño latente que me desgarra.

Mientras te pienso,
mientras mis ojos observan en su silencio,
el paso agonizante del cruel tiempo,
que nos aleja de aquel primer momento,
cuando no amaba con toda el alma.

Aprieto los puños,
rompiendo el espejo,
y los añicos me reflejan el sentimiento.

Ahora ya se que sin ti muero
por estar atrapado en tu reflejo.



Cuando te abrazo,
no es tu cuerpo desnudo el que estrecho,
ni el calor que emanas,
sujeto los horizontes del sueño que te traspasa.



Me preguntas si te miento,
sabiendo que ni yo mismo lo he descubierto,
temblaras no por frío, sino por miedo,
al saber que algo más que la piel envejece,
ese miedo a perder lo que ha sido y ya no es.




Guarda los destellos de cristal que envuelven tus ojos,
encierra en el cajón del desván
el recuerdo que te entristece
y déjate llevar por la brisa de esta cálida noche.

No escucharas de mis labios la palabra «te quiero»,
porque mi mirada te hará sentir mi amor por tí.

Mécete en mi abrazo
y libera el suspiro que tu alma aprieta,
desbordemos de nuestras almas
el deseo contenido que desespera,
arranquemos las sedas, frontera entre nuestras carnes,
hagamos el amor lentamente,
haciendo sentir la vibración hasta el último
de nuestros poros.

Perdamos el aliento sumergidos en la emanación
de nuestra pasión,
olvidemos el amor que tanto daño nos ha hecho
y demos paso al que tu y yo hemos creado.

Cristalicemos el tiempo
y atrapemos en él los destellos
de estos momentos,
para tener para siempre la luz
que en ellos se refleja.



Amor...
va donde va y dura lo que dura,
no hay limites ni medidas,
hasta que llega el adiós.

Hasta el final
hay que ganar tiempo a los sueños,
hay que ir mucho mas allá de las palabras,
para ganar terreno a la vida
y agotarla, exprimirla.

Tenemos que ser semilla de eternidad
hasta que llegue el adiós.




Gotas de tristeza flotan en el viento,
surgidas del destilar de tus ojos aterciopelados.

En el desván de tus sueños,
has abierto tu baúl,
encontrando en el fondo de tus recuerdos,
el amargo desengaño.

El calor de tu llanto
ha empañado el viejo espejo arrinconado,
y no has podido ver tu realidad reflejada en el.

Has sentido miedo
a descubrir lo que se escondía tras su velo,
y ese mismo miedo
te ha robado el valor de verte a ti misma.

Has vuelto a llenar el baúl,
ordenando tus recuerdos,
y entre recuerdo y recuerdo,
has atrapado tu esperanza.

Te alejas del desván
dejando tras su puerta tu verdad,
y bajas por las escaleras de tu mentira.

Seguirás la estela de tu sueño,
haciendo del desengaño tu prisión,
conformándote con los rayos de sol
que entran por los barrotes
de tu celda de cristal.



Recuerdos lejanos de tiempos pasados,
pasiones ahogadas en el desengaño,
amores sentidos que andan perdidos,
amigos ausentes, desconocidos,
palabras liberadas, extraviadas,
deseos contenidos, ya consumidos,
carne marchita, alma vacía,
sueño eterno perdido en el tiempo.




Se reconoce hijo de la lluvia
de otros mundos.

Camina y mira el cielo,
abstraído como un ciego.

El amante de las estrellas,
riega la ciudad
con sus tristes lágrimas,
tiene el llanto del firmamento
en los ojos,
su amor es infinito,
pero imposible.

Pero pese a lo imposible de su amor,
seguirá amando a las estrellas,
deseando que la noche
reine todo el día,
y esperando que el negro de la noche,
lo envuelva en su manto,
y algún día
lo convierta en estrella.



Fin y principio suman lo mismo,
haz de este instante un siempre,
un preludio eterno a la muerte.



Amiga mía,
me gustaría tenderte mi mano
y enseñarte el camino
de vuelta a casa,
a ese mundo de pequeñas cosas importantes,
a ese cielo tan libre como azul,
me gustaría tener respuestas
a esas preguntas llenas de angustia,
pero yo estoy tan perdido como tu.



Soledad, eterna enemiga,
cuando reflejas el sentimiento en el espejo,
bosque encantado,
dueña de secretos de tiempos lejanos,
senderos ocultos,
de desengaños
y de algún que otro llanto.

Grito desesperado,
como cántico cautivo
dentro de una burbuja de cristal.

Cálido abrazo en la fria noche
del sueño de invierno.

Refugio dentro de la tempestad,
silencio dentro del estruendo.

Amante eterna,
hundiéndote en el lecho del miedo,
siempre escuchando,
tras las puertas de todo el universo.



Voy vagando por la noche,
devorando calles,
cuantas veces te he encontrado
en las copas que bebía.

Cuantas veces te he pensado,
cuantas veces te he esperado,
cuantas veces te he rogado
si arañabas en mi alma.

Cuantas veces te he mirado
cuando herías mis pupilas,
cuantas veces te he buscado,
cuantas veces te he encontrado,
cuantas veces te he perdido.



Hagamos el amor antes de decirnos adiós.
Hagamos el amor y dale fuego a mi vida.

Hagamos el amor como si fuera la primera y la ultima vez.
Hagamos el amor antes de que este desaparezca.

Te amaré esta noche, seré tu amor perfecto,
después me marcharé y quedaré en tu colección de recuerdos.

Adiós, tu y el tiempo se funden.
Adiós, yo te amo, recordaré mi vida.
Hagamos el amor, el amor se aleja.
Adiós.

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